
… ingresé y ahí estaba. Tan perfecto, tan dulce, tan lindo. Se acerco, lo ignoré, se acerco más, y ya era tarde, se había robado mi corazón.
…nunca entendí bien a los cubanos, ni mucho menos a los que vivían en Estados Unidos, una dicotomía ideológica diría una amiga cercana, pero la verdad y siendo sincera – y objetiva- , jamás me importo. Que fuera cubano y yo Chilena nada significaba.
En una de aquellas tardes soleadas, tardes que tanto amaba EL, paseábamos por el parque, mientras el me contaba todo lo su vida y lo de
Nunca entendí como funcionaba la dinámica de amar, pero lo sentía y eso me bastaba.
El 20 de octubre, desde mi ventana esperaba su llegada, como un día normal, un día como los demás 382 días que habíamos pasado juntos, bajando de su auto, con algún regalo, una sonrisa, una miraba hacia mi balcón, ¡pero no! aquel día se hizo eterno, nunca llegó.
La tristeza me invadía, como nunca, sentía que me desvanecía, que era una pesadilla, incluso que había muerto- ¿muerto? Si, muerto- los días pasaron y nunca llego… miro a mi lado y ahí estaba mamá, como siempre, como todos los días, leyéndome la historia de su vida… la del cubano y la chilena, ¿yo?, yo inmóvil imaginando aquella historia, que nunca fue… y nunca será.


